Los cuernos son como los dientes…Cuando usted tenga algún proyecto trabaje por su éxito

Los cuernos son como los dientes…

Cuando usted tenga algún proyecto trabaje por su éxito

4 noviembre, 2020 2 Por Juan Alberto Lalanne

Días atrás, en viaje a mi domicilio, pregunté a quién debía el nombre la localidad de Wilde, perteneciente al partido de Avellaneda. En un intento rápido por encontrar el origen hay quienes optan por atribuirle el nombre a Oscar Wilde; seguido de la duda y admitiendo que es por una cuestión de popularidad que llegan a esa asociación, pues, no es así: Wilde, ubicada al sudeste de la Ciudad de Buenos Aires, capital de la República Argentina, limita al este con el Río de la Plata al sudeste con el Partido de Quilmes (localidad Don Bosco), al oeste con el partido de Lanús (localidad Monte Chingolo) y al noroeste con Villa Domínico (Avellaneda).

José Antonio Wilde (Buenos Aires, 1813 – Quilmes, 14 de enero de 1885) fue un escritor y médico argentino. Fue hijo del periodista y contador de origen inglés Santiago Spencer Wilde. Cursó sus primeros estudios en la escuela de Enrique Bradish.

José Antonio Wilde luchó en Caseros bajo las órdenes del General Urquiza, como cirujano. En 1853 se estableció en Quilmes como médico. Tuvo un papel importante en la lucha contra la epidemia de Cólera de 1868, lo que quedó documentado en su libro Compendio de Higiene Pública y privada.

Escribió el libro Buenos Aires desde setenta años atrás. En mayo de 1873 fundó el periódico El Progreso de Quilmes. Fue el primer Director de la Biblioteca Nacional de la República Argentina en 1884.Falleció el 14 de enero de 1885.

A él, es qué se debe el nombre de la localidad bonaerense. Además era tío de Eduardo Wilde, de quién intentaremos abordar aspectos de su historia y vida.

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Eduardo Wilde: Médico y escritor, librepensador y ministro de los presidentes Roca y Juárez Celman en el siglo XIX.

Autor de obras muy originales…

“Cuando usted tenga algún proyecto trabaje por su éxito, pero nunca se afane excesivamente porque quién sabe, doctor, si es cierto o falso lo que procura alcanzar“

Consejo de Eduardo Wilde (1844-1913) a don Felipe Yofré, ministro del presidente Roca

 

Muy querible y algo olvidada la figura de Eduardo Wilde. Nació en Tupiza (Bolivia) 15 de junio 1844, en el seno de una familia de noble ascendencia inglesa. El abuelo, Santiago Wilde, llegó de Inglaterra para radicarse en Buenos Aires siendo periodista y funcionario; el padre, Coronel Diego Wellesley Wilde, contrario a Rosas, luchó en la Batalla de la Ciudadela, exiliándose luego con su familia en Bolivia. Luchó contra los caudillos y en la guerra del Paraguay. Por el lado de su madre, doña Visitación García, ésta fue una distinguida dama tucumana de filiación unitaria.

Su infancia transcurrió en Bolivia experiencia reflejada en el libro Aguas abajo, donde dice de Tupiza:

«Si hubiera sido posible escoger una población para nacer en ella, habría optado por esa villa en razón de ser ella modesta, elemental y rara… tenía dos calles, una de las cuales se llamaba ‘la calle izquierda’, por contrapunto con la otra llamada ‘la calle derecha’. Estos nombres no eran en manera alguna justificados, siendo la izquierda la más derecha y pudiendo las dos cambiar de nombre según la dirección del transeúnte, pues no había número en las puertas.»

Vida populosa la suya. Desde las alturas de Bolivia al Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, donde comenzó su amistad con Roca, Goyena y muchos de los que llegarían a ser la generación del ‘80, y donde a los 17 años leyera su disertación: «Comparación entre la filosofía moderna y la antigua».

Fue un pobre estudiante de medicina en Buenos Aires; ejerció esa profesión en el barrio de Monserrat. Combatió a la fiebre amarilla, de la que enfermó y de la que se recuperó en una quinta de Flores, gracias a los cuidados de un anciano que le leía a Dickens, y asistió a los heridos de la guerra del Paraguay. Fue profesor de toxicología e higiene, combatió a favor de la educación laica y gratuita y a favor del matrimonio civil, la gran «grieta de esos años». Fue varias veces ministro, ayudó a sanear y formar los jardines de Palermo. Su obra escrita llegó a los 19 volúmenes; ocupó varias embajadas. Fue un gran viajero y murió en Bruselas, donde en una época un callejón barroso llevó su nombre. Su obra literaria, además de algún cuento, como «Tini» que supo ser célebre, está constituida sobre todo por fragmentos, con peculiar humor y melancolía, trozos de memorias, libros de viajes. Su tesis al graduarse de médico alcanzó grandes elogios: versaba sobre «El hipo» y en ella trataba en forma seria un tema que a muchos parecía ridículo, y así trataría como ridículos a temas serios.

Hábil y ácido polemista: «Un mitrista no almorzaba antes de leer La Nación, como los curas no almuerzan antes de decir misa. Una vez leída La Nación estaban ya listos para todo, briosos y contentos».

«La prensa ‘mitrista’ llama descamisados a todos los que no son partidarios de su ídolo. Esta prensa podrá desconocer la pobreza de los individuos que insulta, que son argentinos, que tienen derecho a participar en las conmociones de su Patria y concurrir para la formación de poderes. Pero si los individuos del pueblo que van a dar en tierra con el poder y con la influencia del caudillo y la aristocracia son descamisados, ¿quién les habrá robado la camisa? ¿Por qué siendo argentinos se encuentran desheredados de su propia patria?» («La República», 12 de abril de 1874).

También entra en la política, afiliándose al Partido Autonomista. Es electo diputado a la legislatura provincial y luego, por dos veces consecutivas, al Congreso nacional. El 11 de febrero de 1882 Julio Argentino Roca lo nombra ministro de justicia, culto e instrucción. Habiendo continuado en el ministerio del interior durante el gobierno de Juárez Celman corrió la suerte de éste hasta 1889.

«Sus cincos arañan, sus ochos ahorcan, sus cuatros apalean» (En respuesta al presupuesto nacional que presentaba un ministro de Hacienda).

Después de prolongado lapso vuelve a la vida pública durante la segunda presidencia de Roca. Es enviado extraordinario a los Estados Unidos y México; propugna la reunión de un Congreso sanitario internacional que efectivamente se celebró más tarde en Cuba.

Eduardo Wilde era ministro plenipotenciario nombrado para España y Portugal cuando falleció el 5 de septiembre de 1913 en la ciudad de Bruselas.

Como leemos, el término “descamisados”, aparece ya en el siglo XIX. Pese al entorno liberal, Wilde era partidario del proteccionismo.

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Para ciertos lectores surge la pregunta si tenía Eduardo Wilde algún parentesco con el célebre Oscar. Para Angel de Estrada esto era cierto. Eduardo nació diez años antes y murió doce años después que Oscar. Es difícil que en los años últimos vividos en Europa y Norteamérica Eduardo Wilde no tuviera conocimiento del otro. No sabemos si lo leyó, si notó afinidades entre su humor y el suyo. Ciertamente no creo que hubiera otras.

«Ocupo una casa vacía que tiene ocho habitaciones, un gran patio enladrillado y un fondo con árboles y con barro. Tengo dos caballos de montar y uno de tiro. Mi dotación de amigos es reducida; total: dos viejos maldicientes. He traído libros y paso mi vida leyendo, paseando, comiendo y durmiendo. Esto por sí, constituye buena parte de la felicidad…»

«No hay tal vez un hombre más amante de la lluvia que yo. La siento en cada átomo de mi cuerpo, la anido en mis oídos y la gozo con inefable delicia».

Y su recuerdo del poeta Guido Spano: «En una ocasión, me acuerdo de haberlo visto en cama enfermo de reumatismo y tocando la flauta, con un pequeño atril y un papel de música por delante. Nunca he sentido mayor envidia por el carácter de hombre alguno».

Las revistas de la época publicaban notas con cierta “suspicacia” sobre los amoríos de Julio Argentino Roca con la esposa de Eduardo Wilde.
Ese romance clandestino que mantuvieron el político tucumano con Guillermina de Oliveira Cézar esposa del prestigioso médico y sanitarista -quién además era su mejor amigo e íntimo del militar- se transformó en una pasión comentada y murmurada a media voz, por lo que se dice que Eduardo Wilde siempre se comportó como si nada pasara y es por eso que se le atribuye la frese de: “los cuernos son como los dientes; duelen al salir pero ayudan a comer.”

Wilde que no era ningún tonto, jamás abrió la boca…

Claudio Zeiger en Página 12 dijo de Eduardo Wilde: «Dejó una manera de ser, un tono, imborrables”.

El pago, me hizo conocer su historia…

Fuente:

Internet

El Entre Ríos (edición impresa)