En lugares no usualesCatorce artistas latinoamericanos exponen sus obras en el Centro Pompidou de Málaga

En lugares no usuales

Catorce artistas latinoamericanos exponen sus obras en el Centro Pompidou de Málaga

6 diciembre, 2023 Desactivado Por Germán Costanzo Castiglione

La muestra «Interferencias intersticiales» es como una prolongación de la noción de «no lugares» acuñada por el antropólogo francés Marc Augé, que en este caso busca convertir en sitios activos de interpelación a los espacios de un museo que no forman parte del área de exhibición y convoca a retorcer los límites del tiempo para generar otros modos de relacionarse con el arte.

Como una prolongación de la noción de «no lugares» acuñada por el antropólogo francés Marc Augé, que en este caso busca convertir en sitios activos de interpelación a los espacios de un museo que no forman parte del área de exhibición, la muestra «Interferencias intersticiales» que se inauguró este lunes en el Centro Pompidou de Málaga convoca a 14 artistas latinoamericanos -entre ellos las argentinas Ana Gallardo, Liliana Porter y Marie Orensanz- a retorcer los límites del tiempo y el espacio para generar otros modos de relacionarse con el arte.

La sala de lectura, el auditorio para proyecciones y conferencias, las puertas vidriadas que conectan los espacios de exhibición con los accesos, el área de venta de tickets: todas esas zonas que integran un museo contemporáneo sin ser piezas centrales de su engranaje cobran protagonismo desde ahora en «Interferencias intersticiales», la muestra que se propone invertir las jerarquías espaciales y plantar focos de indagación allí donde los visitantes no suelen esperar un estímulo que los sorprenda o los interpele.

La idea de habitar una estructura desde sus intersticios retoma algo de lo que el antropólogo francés Marc Augé denominó como «no lugares», esos espacios de tránsito como un aeropuerto o una estación de tren que se «habitan» de manera anónima y solitaria, solo que en el caso de esta exposición aparecen resignificados como incrustaciones de una periferia que no pretende ser inocua. Todo lo contrario: irrumpir desde los bordes con una interpelación potente fue parte del efecto buscado por la curadora de la iniciativa, Diana Wechsler, para hablar de mundos en tránsito, de la problemática de habitar sociedades que desacoplan y excluyen con el reparto dispar de sus recursos.

El monumental cubo multicolor que aloja desde 2015 en el muelle malagueño al Centro Pompidou -la primera sede en el exterior que abrió el icónico espacio parisino que ya cuenta con otra sucursal en China y planea abrir nuevas en Arabia Saudita y Corea del Sur- alojará hasta el 19 de febrero esta inusual muestra conectada a su vez con las obras de la recién inaugurada colección semi permanente, que propone una cartografía de sujetos errantes que migran -algunos hacia la ciudad, otros hacia zonas rurales, como ocurrió durante la pandemia de covid- y una indagación general sobre los modos de habitar.

«Esta consigna es parte del ejercicio curatorial que venimos haciendo al ‘invadir’ o ‘interferir’ en espacios diversos (el Archivo General de Indias en Sevilla o el Museo Nacional de Bellas Artes, por ejemplo). En este caso la idea es ocupar esos sitios ‘vacantes’ destinados a conectar espacios pero que nunca alojan obras para colocar la mirada en el límite entre el museo y el afuera, entre la exposición y los espacios comunes del Centro», cuenta Weschler a Télam.

El Pompidou malagueño tiene como director a José María Luna Aguilar, que dirige a su vez otros dos grandes templos museísticos de la ciudad: el dedicado a Pablo Picasso -que este año tuvo un rol estelar con los homenajes por los 50 años de la muerte del artista- y el Museo San Petersburgo, que constituye la primera filial europea de la institución pública rusa. Este rol de director tripartito tiene un beneficio invalorable para Luna Aguilar: su oficina está montada en la casa donde pasó su infancia el creador del «Guernica», más precisamente en la habitación donde nació y durmió de pequeño.

El director del espacio remarca los cruces entre «Interferencias intersticiales» y la colección semi permanente, que estará vigente durante todo el 2024. «La colección radica en el tratamiento por parte de los artistas en el siglo XX y la primera mitad del siglo XXI de las formas de habitar el espacio y también cómo los territorios nos condicionan. Por ejemplo, a partir del Covid se dio una idealización de lo rural y del campo, cuando el campo siempre ha estado ahí y no es tan ideal ni tan utópico», señala.

«Esos mitos nos llevan a los movimientos en el habitar y el deshabitar. Es decir, se puede hacer una migración de la ciudad al campo pero lo normal es que el campo venga a la ciudad. De hecho, en el año 2050 se prevé que el 75% de la población mundial habite ciudades, con lo cual vamos a tener una situación compleja. Más allá de eso, hay otras migraciones, otros desplazamientos territoriales que también están en ambas exposiciones», añade Luna Aguilar.

¿Qué es ese cordón de cintas amarillas que sectorizan el recorrido en la zona de venta de tickets apenas se ingresa al Pompidou? El visitante desprevenido puede tardar un rato en detectar que está frente a la primera de las obras de esta muestra planteada como una secuencia intermitente. La marcación, que imita la señalética típica de los aeropuertos o los sectores de atención al público de las empresas o instituciones, es una creación de Beatriz González, una reconocida artista colombiana de 91 años que recrea en este caso la idea de frontera, de borde entre dos mundos.

Las cintas amarillas llevan impresas figuras de hombres cargando cuerpos. Son los «cargueros», que antiguamente cargaban productos de un sitio a otro y en los últimos años, por efecto de la violencia social en Colombia, se encargan de trasladar los cadáveres de los muertos diarios que deja ese proceso. «Alerta: no pase, no se acerque, mantenga la distancia», suelen advertir las cintas en las calles bogotanas, mientras que su función en esta muestra según Wechsler es «recrear con esa intervención la idea de frontera, de borde entre dos mundos (el de la ciudad y el del museo».

A continuación, la siguiente obra es la de la brasileña Regina Silveira, quien interviene uno de los muros que funcionan como antesala al guardarropa y a los baños con huellas de pies encimados que simbolizan esos pasos migrantes que atraviesan África para cruzar a España, entre tantas otras travesías pasadas y presentes que evoca este trabajo de la artista conceptual que en enero próximo cumplirá 85 años.

El sector de homenaje a artistas conceptuales que han superado la octava década se completa con la aparición en escena de la argentina Marie Orensanz, la marplatense de 87 años que está radicada en Francia desde hace décadas. La alguna vez discípula de Emilio Pettoruti y Antonio Seguí se hace presente en las puertas de vidrio que delimitan el ingreso a las salas con distintas consignas, incluida la más célebre de todas: «Pensar es un hecho revolucionario», que escribió por primera vez en el manifiesto «Eros» de 1974 y fue calada en hierro décadas después en la escultura emplazada en el Parque de la Memoria.

«Como una prolongación de la noción de «no lugares» acuñada por el antropólogo francés Marc Augé, que en este caso busca convertir en sitios activos de interpelación a los espacios de un museo que no forman parte del área de exhibición, la muestra «Interferencias intersticiales» que se inauguró este lunes en el Centro Pompidou de Málaga convoca a 14 artistas latinoamericanos -entre ellos las argentinas Ana Gallardo, Liliana Porter y Marie Orensanz- a retorcer los límites del tiempo y el espacio para generar otros modos de relacionarse con el arte»

El chill out o zona de lectura, ubicado en un sector lateral de la sala donde se exhibe la colección semi permanente, está intervenido con una obra que la artista argentina Ana Gallardo realizó en 2007, «Casa rodante», una video performance donde recrea la experiencia autobiográfica que la llevó a guardar sus muebles y pasar por casas de familiares y de amigos mientras encontraba un lugar para establecerse junto a su hija.

«Se trabaja sobre los modos de habitar y sobre todo hay un acento muy fuerte puesto en los tránsitos y las migraciones: los tránsitos de las personas dentro de las ciudades como es justamente el caso de la obra de Ana Gallardo o ya las migraciones de un país a otro, como es el trabajo de Beatriz González o de Regina Silveira», acota Wechsler.

El tema de las migraciones es un tópico recurrente en la agenda de Bienalsur, la iniciativa que lleva adelante la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref) y que por estos días reaparece en esta exhibición y en «Entre nosotros y los otros: Juntos y aparte», que se acaba de inaugurar en la Casa de América en Madrid. Ambas propuestas conectan a España y Argentina en un doble tránsito que funde dos tiempos, dos siglos: por un lado un pasado que tuvo a miles de europeos como migrantes hacia una América que prometía oportunidades de ascenso social y sin la amenaza de conflictos bélicos, y por el otro un presente que en dirección inversa vivencia el desplazamiento de muchos argentinos que llegan a España en busca de certidumbre económica.

«Latinoamérica es un territorio de migración, de emigración e inmigración muy grande, y España ha sido históricamente un territorio de emigración grande a América y en particular a la Argentina, o sea que estos temas son parte de nuestro día a día. Pero además hoy en día las migraciones son una cuestión que está en el centro de la prensa de todos los días: aquí en el Mediterráneo, la guerra entre Israel y Palestina tiene que ver con la problemática de las fronteras, del aislamiento, de las identidades», analiza la directora artística de Untref.

«Interferencias intersticiales» se compone en total de la participación de 14 artistas latinoamericanos: la cubana Glenda León; las argentinas Gabriela Golder, Ana Gallardo, Liliana Porter, Graciela Taquini, Silvia Rivas, Leticia El Halli Obeid, Alicia Herrero y Marie Orensanz; las brasileñas Regina Silveira y Berna Reale; la colombiana Beatriz González y su coterráneo Oscar Muñoz; y el francochileno Enrique Ramírez.

Algunas de estas obras se concentran en el auditorio, donde una pantalla gigante proyecta en loop distintos trabajos que experimentan y distorsionan los recursos de la voz y la imagen desde las posibilidades del videoarte, la videoperformance y el video collage. Dentro de este grupo sobresale una de las precursoras de la disciplina, Gracela Taquini, que presenta dos trabajos: «Roles», un largo plano secuencia de la artista en el que se escuchan voces en off que la alaban y la insultan o hacen alusiones a algunos de esos «roles», como el de madre. El otro trabajo es «Lo sublime/banal», donde dos mujeres baten distintas preparaciones para armar un postre mientras evocan con recuerdos dispares el momento en que encontraron al escritor Julio Cortázar en un restaurante parisino, treinta años atrás.

También se hace presente la argentina Liliana Porter con «The Riddle», una obra de 2016 en la que se narra a través de objetos una secuencia que adquiere complejidad y espesor en la mente del espectador antes que en las imágenes. El video está narrado con formato de enigma sin resolver, aunque la intriga es lentamente desconsistida por la presencia del humor y de sutiles alegatos feministas.

 

FUENTE:TELAM/Por Julieta Grosso, enviada especial